Naturalmente, los primeros problemas a que han tenido que dar cara los dirigentes de las J.O.N.S. es a reorganizar los cuadros del Partido.

Tenemos noticia de que ello se efectúa con pleno éxito y rapidez en los lugares donde ya de antiguo el espíritu jonsista- y no sólo de nombre -predominaba en la organización antigua.

Es norma de la Junta Central Ejecutiva dedicar primordialmente su actividad a lograr la extensión inmediata de las J.O.N.S. en tres o cuatro focos vitales de España. Una gran población industrial; un centro estratégico agrario, campesino; una gran ciudad hoy desorbitada de la unidad nacional, y, por último, Madrid, que es, quiérase o no, el centro que más influye en la vida de España.

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Hoy, por falta de espacio, nos limitaremos a señalar el espíritu magnífico con que los jonsistas de Valencia han hecho frente a la primera etapa de la reorganización. Maximiliano Lloret, con Gaspar Bacigalupe, Juan Estrada, Pinedo, P. Cortés, Borrego, Calabuig y varios más, han desplegado tal actividad que en pocos días se desmoronó la organización de F.E. y consiguieron que tanto los camaradas de Valencia como los de todos los pueblos de la región se enterasen de un modo verdadero de lo acontecido en el Partido. Es decir, destruyeron la base calumniosa sobre la que los dirigentes falangistas explicaban la escisión de las J.O.N.S.

Y es más de destacar este hecho triunfal de Valencia, si se tiene en cuenta que semanas antes el mismo Primo de Rivera había nombrado al camarada Lloret para la Secretaría general de toda la región valenciana y a Bacigalupe para la organización sindical en la misma zona. Y que fueron presionados y halagados por el mismo Primo para que no abandonasen su disciplina. Estos dos camaradas, sin embargo, sabiendo a lo que obligaba en aquel momento el carácter de jonsistas, no vacilaron en acogerse a nuestras filas y maniobrar con la rapidez, la eficacia y el éxito que antes dijimos.

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En Madrid, donde inmediatamente fue nombrado un Comité o Junta local de reorganización, bastaron dos o tres días para movilizar tras de las J.O.N.S. a casi todos los antiguos camaradas. No han llegado a ocho o diez los vacilantes, y de ellos tan sólo dos o tres por espíritu verdadero de traidores. Ya los señalaremos a la atención del Partido. Pero en Madrid se ha dado otro magnífico fenómeno. Desde el primer día, el mayor número de adhesiones a las J.O.N.S. era de los antiguos de F.E., los más jóvenes, revolucionarios y resueltos. Hasta el punto de que Primo se vio obligado a disolver todos los organismos de la sección de Madrid y proceder con los pocos que quedaron a una reorganización nueva.

(«La Patria Libre», n. 1, 16 - Febrero - 1935)